¿Qué es la disfunción sexual?
La disfunción sexual consiste en tener algún tipo de
dificultad en una o más de las siguientes áreas: el
deseo, la excitación, el orgasmo y el dolor asociado al coito.
Disfunciones del deseo
El deseo sexual es una fuerza biológica que nos
hace buscar al otro y actuar de forma sexual. Un 30% de mujeres no
tienen ningún tipo de deseo sexual. Algunas mujeres pueden
sentir la falta de deseo en ciertos momentos de su vida por ejemplo
durante el embarazo y el parto, la lactancia y la menopausia, o durante
periodos de crisis, cambios bruscos en sus vidas o enfermedad. Para
otras esta situación puede volverse crónica y causarles
un gran malestar. Las señales son la falta de interés en
iniciar o participar en actos sexuales, falta de receptividad a la
actividad sexual y la ausencia de pensamientos sexuales o
fantasías. No se pierde la necesidad de ser abrazada y sentirse
querida sino más bien el interés por el coito se ve
reducido o desaparece por completo. Esto puede causar problemas dentro
de la relación ya que la pareja se puede sentir rechazada o
abandonada.
¿Cuáles son las causas de la pérdida de deseo?
Existen muchos motivos por los cuales se puede perder el deseo sexual,
puede deberse a un problema físico o psicológico o una
combinación de los dos. Algunas causas físicas que pueden
dar como resultado la pérdida del apetito sexual son las
intervenciones quirúrgicas, desarreglos hormonales y ciertas
enfermedades como la diabetes, cardiopatías, esclerosis
múltiple, enfermedad de Parkinson y la depresión.
Otros factores que pueden afectar al deseo sexual son cambios en los
métodos anticonceptivos, cansancio, estrés, cambios de
humor (como la ansiedad), obesidad o una mala imagen del propio cuerpo,
la relación con la pareja, episodios sexuales traumáticos
en el pasado y el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y
drogas. La falta de tiempo y oportunidad para la intimidad
también pueden provocar una perdida del deseo sexual.
También se puede deber a algo tan simple como el aburrimiento y
el exceso conocimiento de la rutina sexual o algo en la pareja que
produce rechazo (el olor corporal, el no afeitarse o incluso que tenga
las uñas sucias).
Toda mujer tiene una serie de circunstancias únicas que le
pueden hacer perder el deseo sexual y de la misma forma el tratamiento
también debe ser individual y pensado expresamente para cada
mujer y sus necesidades. No existe ningún tratamiento que sea
válido y efectivo para todas las mujeres, por tanto un buen
conocimiento de la naturaleza exacta del problema es fundamental para
poder tratar a cada mujer.